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…de mística telúrica.

El capital sin patria.

Como sabemos, gracias a la globalización hasta el más mínimo problema económico de un país tiene repercusiones en toda la orbe. Pero, se necesita una catástrofe de magnitudes para hacer que los problemas humanos y sociales de una nación sean percibidos por las demás.

Para bien o para mal, las fronteras y límites territoriales han cedido sistemáticamente ante el avance de un progreso que pretende, al menos en papel, no dejar a nadie atrás pero que, en efecto, mientras más se expande, más nos aísla…

Desde hace más de una década, las grandes metrópolis y la moderna tecnología ya no son propiedad exclusiva de las potencias. Prácticamente cualquier país del globo puede aspirar a tener una economía que permita a sus habitantes gozar de beneficios que, hasta hace dos décadas atrás, parecían inalcanzables debido a las distancias culturales y económicas que separaban a los países. Sin embargo, al ser derribadas virtualmente las fronteras y límites territoriales, gracias a los medios de comunicación y tratados económicos, también se han venido abajo las barreras culturales y con ello la identidad de cada nación.

Entre otras consecuencias negativas, la globalización conlleva la extinción de las culturas locales y su reemplazo por elementos culturales extranjeros y comunes a todo el globo. Al perder contacto con la cultura propia de una nación, se pierde el sentido de nacionalidad y, con ello, la noción de pertenencia a la patria/sociedad/país donde se habita. Así, de manera muy conveniente, en reemplazo a las tradiciones culturales propias de una región la globalización nos ha legado una nueva cultura de la cual todos formamos parte, el consumismo, y ha convertido a la vez a los países como el nuestro (progresivamente sin identidad propia) en material disponible para explotar completamente sin ningún tipo de resistencia.

El problema es profundo. Con el tiempo se ha perpetuado la percepción de que el poder adquisitivo garantiza prosperidad y mejor calidad de vida. Los ricos (se cree, en Chile y demás países “en desarrollo”) gozan de prosperidad material lo que los hace llevar vidas más tranquilas y les permite encontrar paz espiritual, salud, satisfacción y felicidad. Ante los ojos de los aspirantes a primer mundo, sólo los países ricos alcanzan el Nirvana en esta tierra. Y, como en teoría lo que busca el hombre es precisamente la felicidad y la satisfacción, todos los ciudadanos de estos países en progreso terminan convirtiendo su vida en una loca carrera por tener más y más de todo.

Pero el problema mayor no es la dedicación del humano por poseer más y más… el real problema, y origen de tantos otros, es que el consumismo y las posesiones definen al hombre. En el mundo actual lo que posees es lo que eres.

Es cosa de ver alrededor para comprobarlo. Tras la caída y desaparición de las culturas locales se levantó esta gran y única cultura global del consumismo, transmitida directamente a los ojos y oídos de los individuos mediante los medios de comunicación y las empresas transnacionales presentes en cada momento del diario vivir. El proceso es sencillo y cotidiano, poseer un MAC en vez de un PC o lucir vestimenta de una determinada marca, por ejemplo, encasilla a los individuos en un grupo definido que comparte las mismas características en el mundo entero… simultáneamente, los medios de comunicación se encargan de hacer que el individuo se sienta parte de tal sociedad globalizada y de sus nuevas tribus y culturas, reafirmando así la identificación del hombre con los productos y marcas que le son vendidos directa e indirectamente durante todo el día.

Así de simple es… hoy la identidad de una tribu o cultura tiene su origen en el mercado y está conformada por marcas y productos. Ante la ausencia de referentes culturales locales, son las adquisiciones de cada individuo las que definen su personalidad. El consumo se transforma entonces en el valor egoísta que hoy todo conocemos, que representa a final de cuentas la espada con la que nos ponemos nosotros mismos contra la pared. Es el consumismo el que marca diferencias y jerarquías cada vez más distantes. Es el consumismo el que transforma a la patria en terreno llano para que otros vengan exploten lo que quieran. Es el sistema de consumo y la ausencia de identidad el que convierte parajes naturales de increíble belleza en represas inútiles fundamentadas en mentiras.

Los ciudadanos creen erróneamente que se DEBE consumir y adquirir bienes para ganar aceptación, reconocimiento y pertenencia a la comunidad. Y se cree que en el caso contrario, si los individuos no aceptan tal “valor”, serán desplazados en la sociedad terminando como ciudadanos de segunda o tercera categoría, perdiendo derechos y posibilidades.

He ahí el por qué estamos donde estamos! es la razón por la que los que tienen el poder adquisitivo no nos ven como pares y por la que progresivamente los ciudadanos se distancian más y más de quienes los gobiernan… mientras se siga pensando que “tener algo” es “ser algo” seguiremos ahondando las diferencias y nuestros representantes seguirán representándose solos…

En resumen, el “Yo” definido por las posesiones materiales, es la forma en que el mundo globalizado ha logrado generar la sociedad que le conviene. “Tener” y “adquirir” son sinónimo de “pertenecer” y de “bienestar” en esta sociedad, y el “yo soy” ha cedido ante el “yo tengo” como frase que define al hombre.

No hay que ir muy lejos entonces para encontrar a los responsable de la situación actual de nuestro país

Podemos culpar a la derecha o a la izquierda, a Piñera o los empresarios, a la Concertación o a los gringos, a Rockefeller o a Dios… pero siempre estaremos eludiendo el verdadero trasfondo del asunto. Lo cierto es que la sociedad consumista donde nos encontramos, que es capaz de arrasar su propio planeta y vender su alma con tal de seguir adquiriendo más y más bienes o poder, se sustenta absolutamente en nuestro propio individualismo y egoísmo. El hombre tendrá que volver a abrirse al otro y encontrar puntos en común con su vecino para poder volver a sentir pertenencia a su nación y aspirar a tener una identidad propia y una cultura local… sólo entonces el egoísmo y codicia característicos de esta sociedad en que vivimos darán paso a un sentido de comunidad que reemplace las diferencias y jerarquías por el perdido sentido del bien común y el respeto por los bienes naturales de nuestra nación. Una vez logremos superar nuestros propios intereses personales y dejemos de estar cegados por el poder del capital, quizás (sólo quizás) en el futuro tengamos el gobierno que merecemos… y ahí es donde topamos, primero hay que merecerlo…

Acerca de Don Clean

Traductor de profesión. Blogger desde el año 2002. Escritor freelance de cuentos picantes. Editor de Revista Litio. Activista del sexo libre y cunnilingüista profesional.

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Esta entrada fue publicada en 17 mayo, 2011 por en -Critica Existencia y etiquetada con , , , , , , , , .

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