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…obedece al tentáculo!

Lo que se guarda en la basura.

Sucede que Chile es un país extremadamente sorprendente (entendiendo con esto que hay formas, y formas de sorprenderse).
Y es cierto que los contrastes de nuestra cultura, que van desde el paisaje hasta la personalidad colectiva adquirida por el estatus social al que se pertenece, son motivo más que suficiente para quedarse con la boca abierta ante situaciones cotidianas, a las que, como ciudadana de a pie, una se acostumbra. Pero a veces esta idiosincrasia me deja casi sin palabras, y solo atino a articular un escueto: Vaya, a lo que hemos llegado!

Pues bien, esta tarde, después de tener una rica comida familiar, me fui a sentar al sillón para hojear unas revistas que aún no aclaro quien trajo a casa. La tele estaba prendida en la típica novela, parte ya de la familia, con su respectivo dialogo de que si aquel se casó con aquella, y la otra quiere vengarse casándose con uno que apenas conoce y a quien chantajea diciéndole que está embarazada, cosa que es falsa, mientras el malo de la historia planea su maquiavélico plan para dejar en la calle a quién sabe cuántos.  Con tremendo panorama me resigno a pensar que es normal que las relaciones sentimentales sean como son hoy en día, ‘tan de novelas’, si al fin y al cabo la tele, que ha sido dueña y señora de la sociedad durante más de medio siglo, bombardea nuestra mente desde el nacimiento con la idea de relaciones sufridas, alejadas de la felicidad y la confianza.

Pero a lo que iba, que entre oír los diálogos de las actrices y los de mi familia, y mientras me concentraba leyendo un artículo sobre el cambio climático (para tener algo más que hablar en un ascensor), de pronto veo a mis hermanas pequeñas asomadas a la ventana gritándole a mi madre que también se acercara a ver a aquella mujer de afuera. Una señora de unos cuarenta y pocos años de edad (aunque la vida se empeña en hacerle creer que son cuarenta siglos), de piel desteñida y extremadamente delgada, que se paseaba por el barrio con un par de bolsas que dejaba donde cayeran mientras rebuscaba en los cubos de basura algo que guardar en ellas.

Lo curioso del suceso (como si esto no fuera ya extraño en una sociedad tan actual) es que a mis hermanas (niñas de 9 y 12 años) no les sorprendió que una mujer estuviera husmeando en la basura, sino que llevara de mascota a un pequeño gato que asomaba su cabeza por el bolsillo de su abrigo, imagen que les hizo mucha gracia y hasta les causó ternura. Y a quien no, si ella, anclada en la indigencia, es capaz de dar cobijo a un animal, mientras nosotros, como sociedad en vías de desarrollo, comparados con países ya desarrollados ahora que tenemos portabilidad numérica, famosos en el mundo entero por los 33 sobrevivientes de la mina San José y con uno de los nuestros perteneciendo al equipo de fútbol más importante del mundo, no somos capaces ya ni de alarmarnos al ver estas muestras de exclusión social, y no tan solo eso, sino que diariamente son actos ignorados, y a los que el gobierno (ningún gobierno) sabe cómo hacer frente. Incluso tienen que recurrir a pedir voluntarios para hacer un censo de cuántos chilenos y chilenas se encuentran en situación de calle.

Y lo lastimoso ya no es que en Chile haya pobreza, porque lamentablemente la hay en todo el planeta, ni tan si quiera que una persona decida buscarse la vida ‘reciclando’ lo que los demás desechan… sino que ni tan siquiera puedo hacer un mea culpa de lo que hago (o más bien de lo que no hago) respecto al tema, pues, sea como sea, soy una de las tantas y tantos que en vez de participar como voluntaria, me he quedado esta tarde en casa hojeando revistas. Y si me enfrento a mi responsabilidad como ciudadana de a pie, que vive endeudada y preocupada por sus pésimas relaciones sentimentales, pero que aún así dispone de tiempo libre, se me caerá la cara de vergüenza, y no tendré más opción que escribir un par de líneas (o más) despotricando contra quienes me lean, con el fin de remover la neurona que activa la conciencia social, y quizás así motivarme a abrir la puerta, salir a la calle y tenderle una mano a esa mujer y también a su gato. Mientras tanto repito en mis adentros unos cuantos y escuetos: Vaya, a lo que he llegado!

Por Guelsia Toledo (Colaborador Litio)

2 comentarios el “Lo que se guarda en la basura.

  1. Señor no es el único que le pasa lo mismo, a mi igual me a sucede de ver estas faltas y preguntarme “¿qué hecho para evitar eso?”. Al ver estas cosas horribles no hace nada para hacerle frente como si estuvieras atrapado en una inercia social que te impide hacer lo necesario contra el crimen y la pobreza, por ejemplo. De verdad es muy grabe y lo único que te queda es hacer un articulo de un blog de manera de que uno despierte y lo otros se den cuenta para cambiar las cosas. Sin embargo, no creo que sea necesario estar en un grupo para hacer lo necesario, ¿de verdad siendo de le hogar de cristo, por ejemplo, y aportando un dineral esta disminuyendo la pobreza? Tal vez sí, pero aún así sigue creciendo esta. Hay todo un trasfondo de pensamiento social que hay que hacer para evitar las cosas horribles en la sociedad, uno puede aportar por si mismo solucionar algunos males, pero siempre existirá la pregunta “¿cómo hacerlo?” y eso uno tiene que descubrirlo… En fin espero que con esto te ayude comprender la situación saludos xD

  2. Huelga.de.mentiras
    31 julio, 2011

    El primer paso es “abrir los ojos” ¿no?

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Esta entrada fue publicada en 28 julio, 2011 por en -Critica Existencia y etiquetada con , , , , , , , , , .

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