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…obedece al tentáculo!

No se puede vivir del amor.

Podemos empezar una relación de muchas maneras: luego de ser amigos, a primera vista, por soledad pero sea cual sea el inicio pronto se desata la urgencia, la necesidad incontrolable de fundirse con el otro lo más seguido posible. Andamos pegoteados todo el día y noche, no concebimos la vida sin la presencia del otro.

Dicen que esta etapa dura tres meses, yo no sé si creer….  Me ha tocado ver y vivir esa sensación de media naranja durante largo tiempo, incluso años. Supongo que es lo ideal y que todos buscamos, cual más, cual menos, que esa persona se transforme en una parte de ti y, si tienes suerte, que sea recíproco y para siempre.

¿Qué ocurre cuando, en una relación muy añosa, estable y gratificante, el proyecto de vida que se eligió con libertad en el pasado se vuelve algo de lo que se quiere huir? En las relaciones muy largas es inevitable que ambos maduren juntos pero no revueltos, sobretodo si se conocieron siendo jóvenes o inexpertos. La madurez no es simétrica ni en los mismos aspectos y llega el momento en que el desencuentro respecto de lo que cada uno ES ya es insalvable. Un nuevo pacto será la única salida, el reseteo, si nadie ha resultado mal herido y si aún se tiene amor y voluntad.

Las películas y cuentos de hadas nos mostraron siempre que la historia terminaba cuando los enamorados por fin lograban superar los obstáculos externos para estar juntos. El cuento siempre terminaba con el matrimonio. Nunca nos dijeron que la historia comenzaba recién ahí y que los peores enemigos duermen, esperando el momento propicio para despertar, en nuestra cama, entre los dos.

Es un gran trabajo mantener una pareja sólida por años, no es gratis y no se puede vivir del amor, como dijo Calamaro. Tenemos esa percepción de terreno ganado, de que luego de la conquista no hay nada más que alimentar o cuidar. Caemos en la pereza, en la comodidad y seguridad que nos proporciona saber que alguien nos espera en casa, que estará ahí siempre. No consideramos que incluso eso que tenemos como pilar de nuestra vida es condicional y perecible si no le dedicamos la suficiente atención. El sexo es un espejo del estado de una relación. Un desencuentro doméstico minará el deseo, un mal período económico se reflejará en nuestra disposición hacia las labores de alcoba. Ni hablar cuando nos sentimos desamparados o vulnerados por el otro, con razón o no.

La frecuencia, sin lugar a dudas, disminuye con el tiempo. Al comienzo podíamos renunciar a todo, faltar a reuniones importantes, al trabajo, a clases, dejábamos de comer o dormir sólo para tener un rato de intimidad que siempre se hacía poco. Pero pasamos de la cosquilla inicial y la libido enfermiza a la inactividad, a priorizar otras actividades, sociales o productivas, que merman el tiempo dedicado a arrullarse, a hacerse las cosas que antes no transábamos por nada. Los entendidos en el tema hablan de calidad versus cantidad, que basta una cantidad menor por unidad de tiempo porque el placer y gratificación afectiva que obtienes es mucho mayor que cuando comienzas, que la calidad se impone, porque el otro te conoce tan bien que con un guiño te hace estallar, porque ya no necesitamos las maratones de sexo que teníamos a los veinte para sentirnos satisfechos. Nada más lejos de la realidad, pura flojera. Las maratones de sexo son buenas y necesarias para mantener vivo lo que diferencia al amor de la amistad, el buen y sano sexo, y todo lo seguido que ambos consideren necesario y posible. Sin sexo viviremos con un/a herman@.

De algún modo pensamos que la conquista dura hasta que el otro “cae”. La conquista debe renovarse cada día, con el amor físico y del otro, con las expresiones de él en todos los ámbitos, que hace que todo renueve también su sentido. La costumbre es mala amiga y la vida en la ciudad conspira contra la pareja. Si se duerme con prisa y se amanece retrasado, olvídate del sexo. Ante esto no debemos bajar los brazos. Si nos dejamos llevar pensando que las cosas se compondrán pronto o solas, se equivoca. La máquina arrasará con todo, usted y su pareja incluidos.

El cuerpo es un instrumento regido por la inercia, y si usted lo acostumbra a una frecuencia baja, nadie lo hará cambiar de ritmo. Y si su pareja cae en lo mismo, les acabará siendo natural no hacerlo durante meses. Ahora bien, si usted no recuerda la fecha más o menos exacta de la última vez que tuvo sexo, preocúpese; mucho más si no recuerda cómo o dónde fue. Ha caído en la rutina.

Es verdad que uno no puede andar por ahí como chiquilín haciendo piruetas circenses todo el tiempo pero con imaginación y ganas (y sobretodo muchas ganas) podemos hacer que cada vez sea especial, única, recordable. ¿Cómo se hace eso? Si lo supiera, no estaría escribiendo este ensayo en este momento. No hay receta para esto, es un equilibrio que tiene sus ires y venires. Tiempos secos no significan desierto ni tiempos de lluvia, selva.

El deseo no se sincroniza necesariamente, uno puede andar fervoroso y tu compañer@ ocupado en otros asuntos, o a la inversa. La idea es encontrar un promedio, donde ninguno se sienta forzado ni ignorado. La comunicación desprejuiciada y descarnada (pero no por ello irrespetuosa) es la mano. Ataque los problemas de fondo, eso que en sus entrañas hace peligrar su deseo sano y natural. Ataque los problemas a tiempo, antes de que alguien salga lastimado. Sea honesto. Con un “yo necesito de ti” debería bastar para que el otro atine. Demás está decir que la generosidad aquí es fundamental.

A modo de recomendación siempre hago publicidad acerca del Tantrismo. Lea sobre él; no necesita ser un cultor purista de la disciplina para experimentar sus inagotables beneficios. Si usted pretende tener una relación de encuentro de almas y no meros polvos, la clave está ahí.

Busque a su pareja, fomente el tiempo y la calidad de él. Pida lo que quiera, diga qué y cómo le gusta, complazca a su compañer@, dobléguese sin reparos, diga barbaridades, aúlle… porque cuando hay amor todo está bien. Y si no hacemos el amor se impondrá la guerra, tarde o temprano.

¡Que se caiga el mundo! Siempre el mejor panorama será quedarse encamados.

Por Tai (Colaborador Litio)

2 comentarios el “No se puede vivir del amor.

  1. aideen
    29 febrero, 2012

    me gustó mucho eso de “si no hacemos el amor se impondrá la guerra, tarde o temprano” xD!!

  2. maria jose
    3 julio, 2012

    excelente aporte me gusto 😉

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Esta entrada fue publicada en 12 febrero, 2012 por en -Critica Existencia y etiquetada con , , , , , , , .

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